14 noviembre, 2011

Paneles solares flotantes: plantas de energía solar instaladas sobre el agua


Si eliminamos el problema de las olas y las mareas, la utilización de espacios abiertos en el mar para colocar paneles solares, parece una solución interesante para la producción de energía eléctrica a partir del aprovechamiento de la luz solar.
A finales de este año comenzará la fase de implementación de una innovadora planta solar flotante, que será instalada en Caradache, en el sur de Francia. Operará sobre la superficie del agua durante un periodo de nueve meses, durante el cual se evaluará el desempeño y la productividad del sistema a través de los cambios estacionales y las variaciones del nivel del agua. Si todo va bien, estas instalaciones solares habrán superado uno de los principales obstáculos con los que se topa la energía sola: la falta de espacio.

El escenario del mar cubierto por paneles solares es futurista. En todo caso, para que no cunda el pánico, los creadores de la tecnología remarcan que las cuencas hidrográficas sobre las que podrían ser construidas las plantas serían las industriales, que ya existen con otros propósitos. Sería poco probable que un velero encallase en un panel fotovoltaico y muy poco el impacto sobre el habitat marina.

El proyecto es resultado de una colaboración entre Solaris Synergy, de Israel, y el Grupo EDF de Francia. Otra ventaja del sistema es que se adapta a las necesidades, no está limitado sino que está diseñado de tal manera que en una plataforma solar es posible ensamblar tantos módulos como sea necesario para conseguir la potencia deseada. Cada módulo produce una cantidad fija de energía eléctrica de 200 Kilowatios y se puede conseguir más electricidad añadiendo más módulos a la planta.



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¿De qué forma los cultivos transgénicos afectan la biodiversidad?


Desde que la vida existe en este planeta, unas especies han ido apareciendo y otras se han extinguido. Cada una de las 14 millones de especies que hoy existen, en media, ha costado a la evolución unos cinco millones de años. Se calcula que una tasa de extinción natural, y por tanto sostenible, estaría en torno a tres especies al año. Pero, el ritmo al que desaparecen las especies en los últimos años es mucho más acelerado. Tanto que no sólo se ven amenazados los servicios que la diversidad de lo vivo aporta a nuestro bienestar sino también nuestra propia subsistencia.

En Londres, como en San Francisco, los productos de origen transgénico están relegados al final de los escaparates. Cuestan ni la cuarta parte de lo que cuestan los orgánicos y su prestigio es simplemente inexistente. Están allí por su precio y porque cumplen un rol en el mercado: el del producto barato, y es ahí que viene la pregunta: ¿qué queremos para nuestro pais?

¿Queremos productos baratos, sin prestigio ni sabor, que no le añadan nada a la marca nacional, que empobrezcan eternamente a nuestros campesinos? o ¿Queremos productos de calidad y prestigio mundial, que los saquen de la pobreza mientras vamos ganándonos el respeto internacional por la calidad de lo que hacemos, como Suiza, Italia, Francia, Alemania, Japón, USA? ¿Queremos ir delante o detrás?

La respuesta es obvia. Tenemos una ventaja única. Nuestra biodiversidad. Con ella podemos producir miles de hermosos productos de altísima calidad, en pequeña cantidad y obtener por ellos un gran precio.

¿Qué son los transgénicos?

Son alimentos genéticamente modificados mediante la biotecnología moderna con el fin de obtener características deseadas específicas, como por ejemplo, ser resistentes a algunos tipos de plagas y herbicidas, tener una mayor cantidad de vitaminas o minerales y así potenciar sus propiedades, o ser capaces de tolerar condiciones climáticas adversas.

En 1983 se produjo la primera planta transgénica del mundo y en 1994 se aprobó su comercialización. En la actualidad tienen mayor presencia en plantas como el maíz, la cebada o la soya.

¿Es cierto que afectan a la biodiversidad?

Suponen un incremento del uso de tóxicos, contaminación genética y del suelo, pérdida de biodiversidad, desarrollo de resistencias en insectos y vegetación adventicia (“malas hierbas”) y efectos no deseados en otros organismos, teniendo efectos irreversibles e imprevisibles sobre los ecosistemas.

¿Realmente son riesgosos los transgenicos para nuestra salud?

Potencialmente suponen un riesgo para la salud: ya puede generar nuevas alergias, aparición de nuevos tóxicos, disminución en la capacidad de fertilidad en mamíferos alimentados con OGM, contaminación de alimentos, problemas en órganos internos, etc.

¿Se están desarrollando transgénicos animales?

El año pasado, Estados Unidos desarrolló un salmón del tipo AquaBonty capaz de crecer en la mitad de tiempo y durante el invierno gracias al gen de la hormona de crecimiento de otra especie de salmón y al gen “anticongelante” de otra especie de pez. Este fue el primero en ser aprobado para el consumo humano en dicho país.

¿Qué países se oponen al ingreso de transgénicos a su territorio?

Tan solo Ecuador y Venezuela se han opuesto al ingreso de OGM a sus países. Canadá, Estados Unidos, México, Argentina, China, Alemania España, Australia, Bolivia y el Perú son algunos de los países que utilizan los transgénicos.



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Argentina y su primer colectivo ecológico


Muchas de las grandes ciudades (Londres, California, Galicia) están invirtiendo en cambiar sus viejos y contaminantes autobuses, por nuevos mas ecológicos y silenciosos. Buenos Aires no quiere quedarse atrás y ha presentado en sociedad el primer colectivo híbrido diesel eléctrico.

El ecobus, es un vehículo con dos motores, uno diesel y otro eléctrico, que tendrá menor emisiones de gases y menor nivel de ruido que los diesel que habitualmente circulan por las calles de la Ciudad.



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